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“Seguro muchos de ustedes, en especial los fans más fanáticos de la franquicia Pokémon, ya conocen a Cubone, un Pokémon de tipo Tierra de la primera generación, cuya región natal es Kanto. Así es, el que lleva un cráneo sobre su cabeza y un hueso que porta en la mano. Su categoría es “Pokémon Solitario”, pues nada más nacer su madre (Marowak, la evolución de Cubone) suele fallecer nada más (Es muy raro que eso no suceda). La vida de cualquier Cubone huérfano es dura y deprimente, pues si su madre fallece desde que su hijo nace, Cubone desde bebé ya debe afrontar los desafíos de vivir en el “mundo real”, siendo independiente y valiéndose por sí mismo como lo haría un adulto. Pero ¿cómo lograr eso?, si Cubone ni siquiera tiene a nadie que le enseñe a vivir en un mundo tan grande. Por eso los Cubone deambulan por el mundo, buscando alguna Pokémon hembra tan dulce y servicial como para adoptarlos y cuidarlos como si fueran sus hijos, de modo que ya no deban estar tristes ni solos jamás. Ahora les contaré la historia de un Cubone, que vive en Santiago, Chile, cuya mamá ha desaparecido, y valiéndose de todo aquello que los milagros le puedan ofrecer, Cubone tendrá una buena vida como un niño adoptado.

Narrador: Esta historia empieza en Santiago, la capital de Chile. Si bien puede ser llamativa por ser el lugar donde se encuentra el Palacio La Moneda, sede del presidente del país, y por verse turística, también es una ciudad peligrosa por lo inmensa que es, así que los asaltos son algo frecuentes ahí. En un callejón, y junto a una acera, se encontraba un pequeño Cubone llamado Agustino, descansando dentro de una caja, y lo único que tenía para cobijarse y evitar tocar el frío y duro cemento eran hojas que él mismo sacaba de los árboles. Además, le costaba encontrar buena comida, muchas veces la sacaba de los basureros. Le gustaban las bayas, y las encontraba a menudo en algunos árboles y arbustos de buena calidad, pero siempre comía bayas, y él quería comer otros alimentos también. A las 19:00 de la tarde, Cubone empieza a buscar toda la comida que pueda antes de las 20:00 de la tarde, su hora de cenar. Encontrar poca comida le afectaba a Cubone, pero más le afectaba si había mucha. La razón: Cubone no era capaz de llevar tanta comida por sí mismo (no tiene bolsas para llevarla, y menos un carrito), y si debe hacer más de un viaje para llevársela toda, le podían robar en el proceso, ya que Cubone tampoco tiene nada más que su propia caja para esconder los alimentos que encuentra. Para peor, no puede dejarse ver portando objetos brillantes (como monedas en la calle), ya que los Murkrow lo ven y lo atacan sin pensárselo. De hecho, Cubone ha tenido que pelear con muchos más Pokémon por defender sus pertenencias, como Murkrow, Meowth, Gliscor, Skuntank, Scrafty, Diggersby, incluso Toucannon (consulta en Wikidex si quieres indagar a alguno de esos). Pero resulta que una tierna y benevolente Togekiss trabajaba en una iglesia mormona, desde donde volaba dejando comida en cajas de plumavit a los pobres o necesitados, una vez a la semana (los Jueves). A Cubone también le tocaba eso, a veces eran fideos con carne, panes con jamón y tomate, frutas, etc. Eso hacía que todo su sufrimiento valiera la pena. Igual su historia es básicamente triste: Una vez en una casa en el campo, vivía este Cubone con su mamá Marowak. Era una buena vida, prácticamente no había nada más que pedir. Además, una gran amiga de la mamá de Cubone, era muy buena con las agujas y las telas, por eso, para cada cumpleaños de Cubone y navidad hasta ahora, tal amiga de Marowak le manda a Cubone desde lejos un cojín Pokémon, cuyo aspecto es exactamente igual al de ciertos Pokémon tiernos, como Marill, Pichu, Pikachu, Dedenne, Budew, Togepi, Togedemaru, Clefairy, etc. Marowak siempre le decía a su hijo que esos cojines podían ser algo más de lo que parecen, o que tenían magia. Cubone, aún teniendo unos 8 años, no le creía mucho a su mamá. 6 meses antes de lo actual, afuera de la casa, un poco lejos, Cubone Agustino y su mamá estaban jugando junto con el cojín Dedenne, hasta que de pronto apareció una Mandibuzz, solo volando sin ir a ningún sitio, y estaba observando especialmente a Cubone. Marowak le regresó la mirada a Mandibuzz, para no mostrar debilidad, y para que tal vez Mandibuzz se vaya.

Cara de Marowak

(Susurrando) Cubone, cuando cuente hasta tres, correremos rápido hacia la casa.

Cara de Cubone-0

Bueno mamá.

Cara de Marowak

A las tres. Uno, dos...   ¡TRES!

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